Translate

lunes, julio 06, 2026

Músicos y musiqueros

10 Cosas que no deben hacer los músicos

Aunque vivo en México y esto está pensado por las experiencias propias, y de muchos colegas mexicanos, creo que también sucede en el resto del mundo. Por tal razón, quien lea, solo debe adaptar las situaciones.

Alrededor de 2010 o 2011 yo acababa de llegar de Chihuahua. Allá había estado tocando en un bar con buenos resultados pero cuenta el hecho de que está cerca de la frontera con los Estados Unidos y había, por ese entonces, una fuerte influencia musical orientada a los tipos de música que yo toco, Hard Rock, Blues y Rock Progresivo. Al llegar aquí descubrí que el mainstream eran el roñatón, el rap callejero, el rock urbano y los corridos tumbados y la mejor apuesta hacia el Hard Rock eran La Ley, Maná, Mago de Oz y Héroes del Silencio. Cosa que no encajaba conmigo.

No obstante, intenté checar el ambiente y fui a ver algunos bares en los que su mejor oferta era llevar mis cosas, ponerme a tocar y, con el derecho moral de UNA bebida, el pago sería a través de una copa en una mesa junto al(la) cajero(a) en donde la gente dejaría propinas, mismas que me serían entregadas al final de la noche. Sin una retribución justa por la actuación.

Como tenía que sobrevivir me puse a trabajar en un OXXO (imagínense) y un día llegaron unos muchachos de apariencia convencional que pegaron un póster en el que convocaban a una Guerra de Bandas muy prometedora en la que los jueces eran miembros de Botellita de Jerez y no recuerdo que otro grupo mexicano famoso. El premio era tan escueto como la realidad; alguna suma relativamente buena al primer lugar y un reconocimiento al segundo y tercer lugares, además de, según la promesa, la grabación de dos canciones en un estudio profesional, de la que al ganador se le entregaría una copia en archivos digitales para que se auto distribuyera.

El póster estuvo ahí un día y algunos muchachos del área copiaban los datos y algunos otros, con celulares avanzados para la época, tomaban fotos (esto fue en 2011, más o menos) y, por no dejar, le eché una ojeada. Marqué y pregunté y me dieron informes señalando todas las condiciones (bastante leoninas) en las que los grupos deberían presentarse con su equipo y hacer una labor de preventa de cien boletos después de que el comité organizador les hiciera entrega de un talonario foliado, y por el que cada grupo o artista debería firmar de recibido.

No pude evitar sonreír sardónicamente.

Esa misma tarde le llamé a Francisco Barrios, El Mastuerzo —baterista fundador de Botellita de Jerez. Por razones sindicales nos habíamos hecho, si bien no amigos cercanos, sí bastante conocidos en términos cordiales, y él se carcajeaba de lo que yo le estaba platicando. Como ya dije, eran otros tiempos y pocos celulares tenían capacidad de tomar fotos así que le tomé una foto al cartel con mi cámara digital Kodak Easy Share y por la noche se la envié a Paco por correo-e, desde mi computadora.

Luego platicamos por un rato y me dejó claro que ese era uno más de los demasiados fraudes cometidos por ciertos vivales para que los afortunados competidores de esas Guerras de Bandas hicieran colecta de fondos, garantizando dinero fácil. Agregó que no era la primera vez que metían a Botellita de Jerez en el guisado. En resumen, las Guerras de Bandas eran solo una parte de la sordidez del manejo de grupos de rock en manos equivocadas.

Ahora bien. No solamente los grupos de rock somos víctimas de cosas así. Los grupos versátiles, las tecno-bandas y hasta ciertos acoplados vocales son objeto de fraude y delitos por parte de farsantes que prometen trabajo (generalmente en buenos lugares, playas y provincia en general) y, en el mejor de los casos, les sacan una buena suma a los artistas y luego desaparecen. Digo en el mejor de los casos porque muchas veces llegan a la inculpación de esos artistas por delitos que comete el(la) estafador(a), al despojo e incluso la trata de personas.

Con la evolución de la tecnología, los equipos digitales sonideros, las bocinas con Bluetooth y otras cosas han desplazado dramáticamente al músico en general, al menos fuera de la estabilidad de grupos destinados a los eventos grandes. Esto ha creado la idea colectiva de que los músicos somos una suerte de limosneros laborales que, por tocar un simple instrumento musical no tenemos por qué ganar demasiado dinero y el trabajo para la gran mayoría ha caído mucho hacia 2026, quince años después de aquella experiencia personal con la Guerra de Bandas.

Pero los mismos músicos de rock tienen la culpa de ser víctimas del menosprecio.

Los grupos versátiles, norteños, de tecno-banda, salsa y de salón, dentro de todo, tienen ciertas normas rigurosas para trabajar, como son el uso de uniforme, horarios establecidos, ensayos exhaustivos, formalidad y desempeño. No podría hablar de calidad en todos los casos pero la mayoría sí se preocupa de que su música suene de manera respetable. Esto es, todos esos artistas o grupos sí logran ganar dinero precisamente porque ofrecen un producto que sí está a la altura de la exigencia.

Hablemos ahora de la mayoría de grupos de rock, especialmente los nóveles. La idea que muchos jóvenes tienen de tocar rock radica en crear una banda chida con buenas rolas, basan su habilidad en el idealismo de la rebeldía y la conducta contestataria y salen a tocar vestidos como si fueran a pasear en domingo. Sus playeras deben lucir lo más desastrosas posible y los tenis deben estar en la línea de los más insolentes héroes en sus discos… o canciones bajadas de Internet.

Es posible que dediquen esfuerzo para hacerse de un instrumento decente, un amplificador aceptable, una pedalera que cubra casi todo el escenario, platillos calibrados comprados en Mercado Libre y venga a convertirse en un ícono del rock, aunque sea dentro de la alcaldía, o municipio. Lo interesante aquí es que no les preocupa la parte en que la primera impresión, que es la que cuenta, ejerce en el público y mucho de ese público es el que tiene el dinero en las cuentas y también muchas veces la posibilidad de ofrecerles un cierto futuro. Esos muchachos por lo regular suelen ser esos soñadores que esperan que la vida les dé el honor que dicen que merecen.

A este tipo de grupos de garaje les parece atractivo que, para comenzar, un bar les permita tocar a cambio de monedas en una copa (o sombrero) y una cerveza per cápita. Al fin y al cabo todos están en la misma onda y por supuesto que así se darán a conocer. Dinámica que los perseguirá por los siguientes cuatro o cinco años, tocar barato para darse a conocer y eventualmente dejar por la paz el oficio de músico de rock.

Justo hace unos años, antes de la pandemia, un conocido del rancho (por allá en Guanajuato bajío) me dijo que él y su generación tendrían una reunión y que a mí me tocaba poner la música. Esto representaba ir al pueblo, conseguir equipo (y músicos) y tocar a cambio de comida y bebidas. ¿Por qué?, simple, porque yo era un musiquillo que le gusta tocar la guitarra y pues era conocido. Por supuesto lo mandé a volar.

Caso similar fue el lanzamiento de mi disco Rooted Time (lo mencionaré porque a muchos músicos independientes de rock les sucede lo mismo).

Por años yo toqué covers de rock en inglés y en el rancho (y en Chihuahua, y en la CDMX) era conocido como ese wey que podía cantar y tocar los solos de guitarra de Hotel California, Stairway to Heaven, Smoke on the Water, y todo ese repertorio popular entre los nostálgicos. Después de una accidentada participación como guitarrista en un grupo citadino de rock clásico (Oldies), terminé harto de todo eso y decidí hacer un disco con canciones propias y fue que hice el Rooted Time.

Tras un año de trabajo en ese disco, entre la creación de las canciones y la grabación, lo publiqué en la plataforma en donde se vende, y tuve la ocurrencia de compartir la liga con colegas con los que había trabajado, amigos, familiares y promotores. Los promotores reaccionaron bien, pero la mayoría de colegas fueron despiadados. El más mediocre, un ejecutante de armónica que ni siquiera tocaba los solos como eran, dijo: No es la gran cosa, pero está bien. El bajista de ese mismo grupo también se mofó y, curiosamente el guitarrista líder de ellos elogió mi trabajo, y bien.

Otro guitarrista que, en mis años de pre-adolescencia me había inspirado a ser también guitarrista (allá en el rancho) fue el más cáustico de todos. Su opinión fue: ¿Lo grabaste en tu casa?, suena de la chingada. Afortunadamente siempre estoy preparado para todo. Los elogios deben tomarse con cuidado y las críticas como de quien vienen. Algunas sí serán para mejorar y otras las dicta el resentimiento, o la estupidez.

Y hubo más. Un primo mío me dijo: Espero mi disco, pariente. Es decir, mi primo esperaba que le regalara una copia en CD y me causó gracia. Al principio no le respondí pero lo observé en redes sociales. Cada vez que yo publicaba la liga de una canción de mi disco, él brillaba por su ausencia y un cierto día una amiga le preguntó en corto que, de mis canciones, ¿Cuál le gustaba más? Su respuesta fue sorprendente. Sabiendo que no me lo estaba diciendo a mí, señaló que no las había escuchado y que, de hecho, no era su estilo favorito lo que yo tocaba. El mismo primo que exigía una copia gratis de mi disco.

La ironía en este caso (y sí que es ironía) fue que el disco —en formato digital— comenzó a venderse en Estados Unidos, Reino Unido, China, Rusia y (¡vaya paradoja!) Ucrania, y bien. No para hacerme millonario pero algo salió. Pensé en que no tenía corazón para decirle a todos esos americanos y europeos que estaban en un error porque mis colegas y mi primo opinaban que No era la gran cosa.

Todo este rollo fue para ilustrar el menosprecio que, como músicos, hemos creado en torno a nosotros al facilitar actuaciones gratuitas, aceptar limosnas como pago y al no cuidar nuestra calidad de presentación. Al ser nosotros mismos quienes generamos la falta de respeto hacia nosotros. Si un abogado cobra por una simple consulta, un músico tiene que cobrar por siquiera cantar una pieza.

Aunque es cierto que nuestro peor enemigo está en casa, muchas veces.

Otro detalle que devalúa mucho la seriedad con la que debe ser tomado un músico es el lenguaje. A propósito mencioné la frase: crear una banda chida con buenas rolas para ilustrar la forma de expresarse que se maneja en el ambiente. Palabras como rolas, lira, toquines, raza y cosas parecidas han formado parte del caló subterráneo que, de acuerdo a la intención, es parte de la integración en la que el barrio acepta a los artistas. El gran problema es que es ahí en donde se quedan estacionados. Los promotores reales que se llevan de gira a grupos y artistas de rock, los sacan de lugares más refinados en donde se presentan músicos que han estudiado arduamente y se han especializado en lo que hacen, pocas veces les atrae la idea de llevarse a los chicos del garaje. Y aún menos les atrae interactuar con el muchacho común de la calle hablando un lenguaje local.

Otro detalle: muchos de esos músicos preparados suelen leer libros físicos, no memes, chistes y frases de redes sociales. Y esa sí es una gran diferencia.

Al final entonces, mencionaré 10 cosas que los músicos en general NO deben hacer:

1.- Atender las convocatorias de las Guerras de Bandas.

2.- Caer en el efecto Dunning Kruger (sesgo cognitivo en el que las personas con conocimientos limitados sobre un tema sobreestiman drásticamente sus habilidades). Esto es, no creer que sabes más de lo que realmente sabes.

3.- Tocar a cambio de propinas. No cargas tu equipo e instrumento para que te arrojen unas monedas, ¿cierto? (a menos que pagues por tocar en vía pública, es más redituable)

4.- Aceptar propuestas de red social en las que te prometen el paraíso. Un empresario profesional no te va a convocar en Facebook. Ellos generalmente tienen un equipo que se encarga de buscar talentos de manera profesional.

5.- Aceptar que alguien en internet promueva tu música a cambio de una mensualidad bajo la promesa de colocarte en Spotify y plataformas similares. Eso lo puedes hacer tú mismo(a).

6.- Aceptar actuaciones sin pago a cambio de difusión. Por lo regular ese tipo de actuaciones ni siquiera son promovidas y la mayoría son en términos familiares.

7.- Subvalorar tu capacidad. Quien acepte que vales como músico lo hará bien y no tendrás que convencer a nadie (pero por supuesto tienes que trabajar en tu calidad).

8.- Vestirte como si fueras a ir al tianguis. Es interesante que mucha gente acude a una fiesta, misa o reunión tratando de impresionar con las mejores prendas; pero muchos de ellos, que también tocan en un grupo, suelen salir como el ropero se los permitió y la creatividad les limitó. Aunque en el caso de los grupos de rock el uniforme no es obligatorio (y hasta se ve extraño), es cierto que el cuidado de la imagen desempeña un papel vital.

9.- Hablar con jerga y caló del barrio. Sin algo personal contra el barrio —yo soy de barrio— pero no puedes imaginarte a un ejecutivo expresándose con clientes poderosos como si estuviera en el mercado. No se trata de clasismo, se trata de CALIDAD. Alex Lora tiene su propio lenguaje porque es parte de su dinámica empresarial, es lo que ÉL vende y es la forma en que él hace que tú compres sus discos y acudas a sus conciertos. Si comes, te casas o te acepta la sociedad es algo que a él le tiene sin el más mínimo cuidado. Recuerda, tú NO eres Alex Lora y tu NO ganarás dinero por imitarlo a él.

10.- Menospreciar al colega que comienza. Un vicio casi general es demeritar a otros colegas. Muchas veces, el músico que ya tiene cierta experiencia suele referirse a los valores nuevos como: está bien pendejo, le falta mucho, y cosas así. El verdadero valor de un artista no radica en que sea mejor que otros, radica en el hecho de que puede hacer que TODOS crezcan. Y aquí juega un papel dramático el narcisismo.

Dichos estos diez consejos, dejo al razonamiento lo que cada quien quiera tomar o dejar. Solo hay que tomar en cuenta algo muy importante: la música como oficio y/o profesión es algo que debe hacerse respetar. Las cosas no llegan fácilmente y, para llegar lejos, hay que trabajar muy duro. Pero una buena noticia entre tanta cosa: en la actualidad te puedes promover y generar ventas utilizando las redes sociales. También sirven para eso, no solo para decir estupideces.

Es cuanto

Messy Blues


Buy Me a Coffee at ko-fi.com


martes, junio 23, 2026

El misterio del hombre que era su propio abuelo

Lógica, humor negro y libros de texto: El enigma de Idolina Moguel

El día que los libros de texto nos enseñaron que un hombre puede ser su propio abuelo


En el año de 1977, quienes cursábamos el primer grado de secundaria en México recordamos perfectamente aquellos libros de la materia de Español de la autora Idolina Moguel. Entre reglas gramaticales y lecturas solemnes, de pronto nos topamos con un ejercicio delirante, un oasis de humor negro y lógica pura que se quedó grabado en la memoria de toda una generación: La carta del suicida.

El texto en cuestión —una genialidad de enredos genealógicos que ha mutado en canciones y parodias a lo largo de las décadas— se presentaba como la nota de despedida de un hombre que, abrumado por la geometría de sus lazos familiares, decide poner fin a su existencia.

¿El motivo? Descubrió, por pura ley de parentescos, que era su propio abuelo. Por supuesto, se trata de humor negro, hoy casi en extinción por culpa de la Cultura de la cancelacíon.

Para quienes no lo recuerden, o para las mentes jóvenes que visitan este blog y se preguntan cómo es posible semejante carambola matemática, la historia se desarrollaba más o menos así:
La Carta del Suicida (ó "La crónica de un enredo absoluto")

"Señor Juez, no culpen a nadie de mi muerte; la culpa es de las leyes del parentesco, que no me han dejado otra salida.

Todo comenzó cuando me casé con una viuda que tenía una hermosa hija ya en edad de merecer. Mi padre, que también era viudo, nos visitaba con frecuencia, se enamoró de mi hijastra y terminó casándose con ella, y ahí empezó mi calvario.

Como mi padre se casó con mi hijastra, ella se convirtió automáticamente en mi madrastra. Al mismo tiempo, mi padre pasó a ser mi yerno, puesto que era el esposo de la hija de mi mujer.

Las cosas se complicaron cuando mi esposa dio a luz a un niño. Este pequeño era hermano de la esposa de mi padre (mi madrastra). Por lo tanto, ¡el bebé se convirtió en mí tío!

Pero el enredo definitivo llegó cuando la esposa de mi padre (mi hijastra) tuvo un hijo. Ese niño era mi hermano, pero también era mi nieto, porque era el hijo de mi hijastra y, como la esposa de un hombre es la abuela de sus nietos, y yo soy el esposo de la madre de mi nieto... resulta que yo soy abuelo de mi hermano. Y dado que el esposo de una abuela es el abuelo de la casa, llego a la pavorosa conclusión de que ¡soy mi propio abuelo!

Ante semejante crisis de identidad, prefiero pasar a mejor vida"

La genialidad didáctica de los setenta

Visto a la distancia, resulta fascinante cómo la pedagogía de aquellos años utilizaba el absurdo para enseñarnos lingüística. Idolina Moguel no nos puso a leer esto por el simple gusto del chiste macabro, sino como un brillante ejercicio de comprensión lectora y análisis sintáctico.

Para resolver las actividades del libro, uno tenía que sentarse con lápiz y papel a trazar un árbol genealógico real. El ejercicio nos obligaba a entender el peso de los nexos, los pronombres relativos y cómo una estructura gramatical puede cambiar por completo la realidad formal de las personas. Era lógica pura disfrazada de sátira.

Al final, este texto nos demostró que la lengua española puede ser un laberinto perfecto. Y a ti, ¿te tocó resolver este árbol genealógico en la secundaria? Si intentas dibujarlo hoy, te advierto que vas a necesitar un buen café y bastante paciencia.

Al menos diviértanse un poco 😁

Es cuanto

Messy Blues


Buy Me a Coffee at ko-fi.com

martes, mayo 19, 2026

Tecnología e Incapacidad Mental - Parte I

De la Bandera Roja al algoritmo de TikTok; ¿Por qué siempre le tememos a lo nuevo?

Hablando de tecnología, Generación Z, agenda WOKE y la Neostalgia Camp —que antagonizan directamente con quienes temen a la pérdida eventual de la vida normal—; nos encontramos de frente con un fenómeno que tiene una dinámica de odio/amor (o temor/adicción) en la que muchos son seres que viven en y para el internet de redes sociales, y otros son temerosos de que el ser humano haya caído en la trampa de la alienación.

No se puede defender a ninguno de ambos lados, cabe mencionar, toda vez que la causa de Un problema, de haberlo, es la colonización comercial y manipuladora de quienes han encontrado el sentido práctico de la ignorancia casi general de quienes actualmente manejan la tecnología.

Cada vez que abres las redes sociales o ves las noticias, el panorama es apocalíptico respecto a temas como que la Inteligencia Artificial nos va a dejar sin trabajo, los smartphones están destruyendo el cerebro de los jóvenes y los algoritmos nos están volviendo idiotas. Si escuchas con atención, parecería que estamos viviendo una crisis sin precedentes y que la tecnología actual es un monstruo diseñado para extinguir la civilización.

Pero ya hemos estado aquí antes.

La humanidad tiene una vieja y ridícula costumbre; cada vez que inventamos algo capaz de cambiar el mundo, lo primero que hacemos es reaccionar con un pánico absoluto. A este fenómeno los sociólogos lo llaman tecnofobia o pánico moral. La tecnología casi siempre nace como un adelanto neutral, pero la sociedad —por pura ignorancia o miedo al cambio— proyecta en ella sus peores demonios.

Viajemos un poco en el tiempo para probar la teoría.

El hombre de la bandera roja (y el terror a los motores)

Imaginemos que es el siglo XIX. Alguien inventa el automóvil. En lugar de aplaudir un transporte que no cagaba en la calle, como hacían los caballos, la gente se aterrorizó. El miedo fue tal que en Inglaterra se aprobó la Red Flag Act (Ley de la Bandera Roja). Esta ley obligaba a que cualquier coche autopropulsado tuviera a un hombre caminando delante de él, agitando una bandera roja durante el día y una linterna por la noche, para avisar a los ciudadanos del inminente peligro que se aproximaba a la velocidad de... ¡6 kilómetros por hora!

El arte ha muerto (otra vez)

Cuando apareció la fotografía, los pintores de la época pegaron el grito en el cielo. Decían que era una máquina satánica que venía a matar el arte y que robaba el alma de las personas. Hoy, los artistas digitales y los escritores dicen exactamente lo mismo de los generadores de imágenes por IA. El argumento es idéntico, solo cambió el siglo.

El chisme destruirá los hogares

Cuando el teléfono (de línea) se masificó, los periódicos de la época publicaron editoriales alarmistas asegurando que la gente perdería la capacidad de hablar cara a cara. Es más, se llegó a decir que el teléfono destruiría la estructura familiar porque las mujeres pasarían todo el día metidas en el aparato chismeando en lugar de atender la casa. ¿Te suena familiar a lo que dicen hoy de las pantallas? 

Incluso cuando los hermanos Lumière proyectaron por primera vez la película de un tren llegando a la estación, la gente de la sala salió corriendo despavorida pensando que el tren los iba a arrollar. Pasó con el telégrafo, con la radio, con el fonógrafo y hasta con el microondas.

El verdadero problema no es el chip, es el dueño

Entonces, si la tecnología siempre ha sido un adelanto, ¿por qué hoy sentimos que las cosas sí se están saliendo de control? Aquí es donde entra mi teoría. La tecnología no es el problema; el problema es que cayó en manos de manipuladores que aprendieron a monetizar nuestros instintos más bajos.

Un cuchillo es una herramienta neutral y sirve para que un cirujano salve una vida en un quirófano o para que alguien cometa un delito. El microprocesador y el internet son herramientas maravillosas, pero el modelo de negocio actual no busca educar, busca controlar.

Grandes corporaciones se dieron cuenta de que el recurso más valioso del planeta no es el petróleo, sino tu atención. Y para atrapar esa atención, descubrieron que es mucho más lucrativo mantener a la gente indignada, asustada, con la autoestima rota (buscando likes para encajar) o sufriendo de FOMO (quedar fuera). Una mente ansiosa e insegura consume más.

No estamos ante una tecnología malvada, sino ante un sistema que manipula nuestra psicología para volvernos adictos. Nos falta pensamiento crítico y alfabetización digital para entender que lo que vemos en la pantalla no es la realidad, sino un anzuelo diseñado para que no soltemos el teléfono.

Recuerdo algunos detalles respecto a los mismos temores sobre algunos de estos avances a lo largo de casi cuarenta años. Un ejemplo fue cuando estudiaba diseño gráfico y utilicé por primera vez una computadora Macintosh (hoy iMac). Se utilizaba un diskette de arranque y otro de operación, y podías hacer dibujos utilizando el mouse, o bien, escaneabas la imagen con un rodillo manual y la retocabas con el mejor programa de Macintosh (Apple) para ello.

Por supuesto que en esa época —en que caía el muro de Berlín— yo no podía aspirar a tener una cosa de esas y muchos puristas criticaban esos avances porque, a su juicio, acabaría con el arte de la mano alzada. No fue muy diferente a cuando comencé a aprender a utilizar el Corel DRAW! 3.0 (en Windows 3.1) porque, aparte de que tenía que utilizarlo en la oficina de algún arquitecto amigo mío, respaldar los trabajos era todo un albur. Si los diskettes se magnetizaban. Tu trabajo de días podía desaparecer en un segundo.

Por cierto, la capacidad de cada diskette era de 1.44 MB y no eran exactamente un alarde de almacenamiento.

Así es, tanto Adobe como Autodesk y Corel, fueron satanizados hasta el hartazgo.

Lo cierto es que entre los 1990s y los 2010s, programas como Photoshop, Illustrator, Premiere, After Effects y Audition fueron una herramienta muy útil para creadores de imágenes, videos y música. Y, hablando de música, también existieron MusicMatch, MixCraft, y otros que olvido, para crear incluso pistas de instrumentos virtuales. Hasta Finalle servía para realizar partituras.

Actualmente hay artistas que comenzaron de esa manera a falta de presupuesto para equipar un estudio —en el caso de artistas de imagen— o para contratar músicos —en el caso de esto último—, pero jamás se pudo reemplazar el talento humano. Aún intentando hacerlo.

Resumiendo este capítulo, diremos que el problema real respecto al uso de la inteligencia artificial no está en la herramienta misma, sino en quienes la utilizan y dejemos estipulados dos puntos importantes y básicos que nos servirán de referencia dialéctica sobre lo expresado aquí:

A. La Economía de la Atención (Los Manipuladores)

Las redes sociales y los smartphones no se volvieron adictivos por accidente. Empresas como Meta, Google o TikTok —entre otros— contrataron psicólogos conductistas para diseñar interfaces que hackean nuestro cerebro y utilizan el sistema de recompensa variable (el mismo de las máquinas tragamonedas de los casinos) de tal forma que tú haces scroll hacia abajo y no sabes si el próximo video te va a encantar o aburrir, lo que te mantiene atrapado buscando dopamina.

B. El Factor del Bajo IQ (O la falta de alfabetización digital)

Más que un tema de coeficiente intelectual puro, lo que ocurre es una falta de pensamiento crítico y baja autoestima. Los algoritmos se alimentan de la necesidad humana de aprobación (likes) y del miedo a quedarse fuera (FOMO o Fear of Missing Out). Quienes controlan estas tecnologías se dieron cuenta de que es más rentable mantener a la gente indignada, asustada o comparándose con los demás, porque una mente ansiosa consume más y adquiere un hábito de adicción mental difícil de revertir.

Es cuanto

Messy Blues

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

martes, enero 27, 2026

La Maraca sin Anuncios

Saludos estimados lectores y seguidores:

El pasado año de 2025, concretamente en Septiembre, este Blog de La Maraca sostuvo una crisis interna en cuanto a los elementos del Staff —que en ese momento era de cuatro personas— por los que un servidor de ustedes, Messy Blues, daba la cara y en varios casos firmaba por ellos y, por una pretendida votación que quedó en mayoría, se habían integrado los anuncios que Google proporciona en el caso de que alguien quiera monetizar sus blogs.

En su momento no me opuse ni apoyé del todo el proceso para incluir esos anuncios pero durante ese tiempo hasta apenas una semana atrás recibí algunos reproches por parte de seguidores que nos leen desde 2006 (hace casi veinte años) y coincidió con el final del periodo de prueba que yo puse para utilizar —o dejar de utilizar— la publicidad de Google: cuatro meses. Esos seguidores coincidieron sin saberlo en el hecho de que los anuncios en cuestión hacían el blog difícil de navegar y desanimaba a los lectores a continuar explorando los temas del mismo. Tanto en dispositivos Android e iPhone, como en computadoras.

Aún más. Quienes fundamos este blog en 2006, Iván Arellano y yo, decidimos que había demasiado equipo para un blog en el que solo aparece mi firma y dimos por terminado el equipo previo. En la actualidad solamente Iván y yo somos quienes quedamos como equipo con la decisión de eliminar la publicidad y continuar publicando contenido que, divertido o serio, sea de calidad y con el respeto que los lectores merecen.

Los anuncios no cumplieron con la expectativa y, por el contrario, comenzaron a alejar la audiencia. Aparte de todo, dejaron una desfavorable idea de que, quienes hacemos este blog, estamos pidiendo caridad. Si bien no estamos ahogados en opulencia, en realidad la idea original de La Maraca nunca fue la explotación monetaria.

Ahora bien. Poco antes de haber incluido los anuncios, yo inserté una liga para vender artículos digitales míos a manera de tener un cierto ingreso (Buy me a coffee) y compensar un poco el tiempo que se invierte aquí. Con toda sinceridad ninguno de ambos métodos arrojó resultados monetarios (lo que no nos sorprendió) pero, a diferencia de los Anuncios de Google, mi inserción de Ko-Fi no resulta ni invasiva ni molesta.

Luego entonces.

¿Por qué se eliminaron los Anuncios de Google?

Porque NO cumplieron su cometido de atraer ingresos a favor del blog y porque comenzaron a alejar a la audiencia.

¿Por qué no se eliminó la liga a "Ko-Fi" (Buy me a coffee)?

Porque no es un anuncio y no ejerce coerción. Esta liga es en realidad un acceso a una pequeña tienda virtual que apenas inicié en Agosto del año pasado en la que, si bien existe la opción de recibir donaciones para alentar el trabajo aquí, yo ofrezco archivos digitales a la venta.

Es decir. Se mantendrá esa tienda (Ko-Fi) para poder eliminar los molestos anuncios de Google y si alguien quiere contribuir, sea Bienvenido, pero no se obligará a nadie a gastar en nada. La Maraca es, y seguirá siendo, un blog de temas varios, tratando de ser una opción de consulta.

Se liberarán los comentarios para recibir sugerencias que pasarán por aprobación y vigilancia digital antes de ser aprobados y de esta manera ganamos ambos lados; nosotros como editores del blog y la audiencia como tal.

Finalmente agradezco el que sigan visitándonos y les devuelvo la libertad de navegar en La Maraca sin los Anuncios de Google.

De mi mayor consideración

Tonatiuh Hendricks, Messy Blues

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

jueves, septiembre 18, 2025

Hace cuarenta años

19 de septiembre de 1985, la herida que nunca cerró


Han pasado ya cuarenta años desde entonces. Un amanecer que marcó para siempre a México. El 19 de septiembre de 1985 no es una fecha cualquiera: es un recordatorio imborrable de la fragilidad humana frente a la naturaleza, y al mismo tiempo, de la fortaleza de un pueblo que se negó a rendirse. Un México de acero.

Yo lo viví. No lo leí en los periódicos ni me lo contaron en la televisión. Sentí la furia de la madre tierra abrirse paso para demostrar su poder. Sentí el miedo, la incertidumbre y esa sensación imposible de describir de que la vida podía terminar en cualquier instante. No hay manera de borrar de la memoria el derrumbe de edificios, el polvo, los gritos de auxilio, la confusión generalizada. El miedo al estar en medio de todo aquello

Pero este texto no es para ponerme en el centro de la historia ni para dramatizar mi papel de sobreviviente. No es para ganar admiración. Escribir esto es un acto de memoria.

Es por todos aquellos que no volvieron a ver la luz del día. Es por los miles que perdieron a un ser querido, su hogar o el rumbo de su vida. Es por quienes todavía, como yo, cargamos con la pesadilla y vivimos con un miedo latente que despierta cada vez que suena la Alerta Sísmica.

Esa alerta, que pone los nervios de punta, no existía en 1985 y pudo haber salvado muchísimas vidas.

El terremoto del 85 no solo destruyó edificios, también derrumbó la confianza de un país entero en sus instituciones. Al mismo tiempo reveló, sin embargo, la fuerza de su gente. Miles de ciudadanos salieron a las calles con las manos desnudas a rescatar, a ayudar, a levantar escombros. México aprendió y demostró entonces que la solidaridad podía ser más grande que la tragedia.

Treinta y dos años después, en 2017, la tierra volvió a recordarnos su poder en la misma fecha: 19 de septiembre. La coincidencia fue cruel, como una irónica broma tratando de volver a abrir una herida que muchos aún no terminábamos de sanar. Como diciendo a las nuevas generaciones que la naturaleza es más poderosa que cualquier otra cosa.

Ese 2017 también hubo pérdidas, también hubo dolor y nuevamente se levantó el espíritu solidario que caracteriza a mi país.

Hoy, a cuatro décadas de distancia, sigo agradeciendo a Dios por la oportunidad de estar aquí para contarlo. Pero también sigo honrando la memoria de quienes no sobrevivieron. La memoria no se borra, se transforma en un compromiso con el honor para los que se fueron. No debemos olvidar, ni minimizar, ni dejar que el tiempo diluya la lección aprendida.

El 19 de septiembre no es solo una fecha en el calendario. Es un altar invisible en el corazón de México.

En memoria de quienes partieron en 1985 y en 2017. Recordar es honrar a quienes nos dejaron.

Respetuosamente

Messy Blues


Buy Me a Coffee at ko-fi.com

miércoles, septiembre 10, 2025

La Inteligencia Artificial; ¿Enemiga?

Los mitos de ignorancia y la tecnología mal usada


Recuerdo que, de niño, había una gran alarma general porque existía un supuesto grupo de fanáticos religiosos disidentes de la facultad de medicina de la UNAM que visitaba escuelas con el pretexto de vacunar a los estudiantes de primaria pero que en realidad buscaban esterilizar a los menores. Esto sucedió en la Ciudad de México, claro.

Tal asunto comenzó por la popular práctica del sistema del esténcil utilizando un mimeógrafo, que en los años setenta era una costosa maravilla, y algún pudiente ocioso leyó dicha nota en un periódico francés. Es decir, se trataba de una nota policiaca de París referente a un culto religioso y supremacista que buscaba exterminar castas no galas y no sajonas de la región de Europa Occidental, incluyendo solamente Francia y Alemania y siguiendo el ideario Nazi de Hitler, al que llamaban Gran Guía.

Lo que representa que el ocioso que tomó la nota policiaca francesa y adaptó la leyenda a la imaginería mexicana, omitió la parte en la que la Police Nationale francesa había capturado a dicha banda criminal cuando planeaban distribuir sustancias tóxicas entre la población de menores de la capital francesa y posteriormente de la alemana occidental (era aún la guerra fría). El sujeto utilizó entonces su mimeógrafo e hizo una volante anónimo advirtiendo a los pobladores de Polanco del peligro de dicha banda.

En resumen. El sujeto creó el mito valiéndose de su capacidad monetaria para poseer un aparato que en ese entonces era incosteable. Por supuesto que dicho mito trascendió y se convirtió en todo un asunto de histeria que incluso orilló a los padres de familia y docentes a solicitar protección en las escuelas. Privadas y públicas.

Cuando se descubrió el pequeño pero ruidoso fraude, las cosas apuntaban a notas más importantes como el primer accidente fatal del Sistema de Transporte Colectivo —Metro— en la ciudad de México, los Juegos Panamericanos y los muchos análisis a la entonces reciente visita de la Reina Isabel II de Inglaterra a México.

Pero el punto de enfoque aquí no es la repentina referencia histórica de la capital mexicana en 1975 sino la utilización de tecnología de manera equivocada. No era el miméografo el problema, sino cómo se usó.

Del televisor al internet

No hace mucho, cosa de semanas, revisaba los canales de cable y pocos me llamaron la atención. Noté, no obstante, que hay como veinte canales destinados a La Casa de los Famosos. Por lo que entendí, se trata de un Reality Show de obsesiva y morbosa neurosis para el que es evidente que se ha invertido mucho dinero. Esto me llevó a pensar en los muchos talentos verdaderos que prefieren utilizar plataformas como YouTube, Instagram, Facebook y Tik-Tok para crear programas más interesantes en el contexto cultural y artístico. Ya que el presupuesto mencionado no es algo con lo que ellos cuentan.

Es decir, la televisión oficial con cobertura al aire a nivel internacional, vende morbo, lo que no es nada nuevo, acepto. Es como descubrir el hilo negro y la ebullición del agua. Lo chocante es que lo hagan con sumas impresionantes de dinero sin una finalidad positiva.

Ahora regresemos un poco en el tiempo, otra vez, cuando las computadoras eran demasiado costosas y se podían escribir cosas que se imprimían después de ser corregidas y el cálculo programado en las hojas de administración empresarial —utilizando bases de datos— adquirieron una ventaja extraordinaria por encima de las calculadoras y el desperdicio de papel y floretes costosos.

No dejemos de mencionar el diseño gráfico y algunas cosas más igual de creativas. Lo gracioso fue que las computadoras tuvieron más boom por servir como consolas de juegos que por sus beneficios prácticos.

Más cercano está el uso de los blogs que tuvieron su mejor momento en agrias campañas políticas entre 2005 y 2012 y fueron desplazados por los video blogs de opinión que contenían más propaganda agresiva que propuestas progresistas. En otros casos no menos comunes traían al frente la superficialidad de los creadores de contenido (influencers).

En breve resumen, no fue la tecnología la que desplazó a nada ni a nadie sino el uso de la misma con la estupidez como herramienta. Es común leer a muchos en Facebook hablando de aquellos tiempos en los que los niños jugaban en la calle y los muchos carteros que perdieron su trabajo por culpa de los correos electrónicos. Yo mismo llegué a cuestionar el desplazamiento del teléfono de línea y los telégrafos por culpa de los Smartphone.

Sin embargo no fue la tecnología.

En los mejores tiempos modernos del teléfono, todos teníamos que encontrar alguna caseta o servicio de operadora para comunicarnos con otras personas y hacer acuerdos de negocios. En los ochentas se popularizó el Beeper para enviar un mensaje a base de impulsos y avisar a alguna persona para que se comunicara de inmediato. Ergo: se pagaba una fortuna para poder hacer lo que hoy resolvemos con llamadas o mensajes de WhatsApp, Messenger y, en el caso más nostálgico, un SMS o una llamada celular usando un paquete de servicios.


El internet mismo evolucionó mucho a partir de su nacimiento en 1969 con el ARPANET, que era exclusivamente de uso militar en los Estados Unidos y, para la sociedad, dicha idea era parte de la mejor ciencia ficción y en esos años pocos conocían ese secreto por su obvia naturaleza confidencial.

Fue hasta 1989 que se creó el ambiente World Wide Web (WWW) para comercializar el Protocolo de Control de transmisión/Protocolo de Internet (TCP/IP) creado a su vez en 1983 para reducir la dependencia de las terminales (computadoras) hacia los servidores (equipos de alojamiento de datos y transmisión).

El internet comercial de hoy es incluso muy diferente al internet de los años noventa cuando tu módem debía realizar una llamada telefónica para que tú pudieras navegar.

Mi punto al mencionar todo esto es que en los tiempos en que la tecnología no estaba tan avanzada como ahora se invertía mucho dinero, tiempo y recursos materiales. Realizar llamadas a socios comerciales en otros países resultaba costoso y se dependía mucho de los cambios horarios, disponibilidad de horarios de trabajo y en la mayoría de los casos del FAX, que también implicaba una llamada a costo real.

Podemos ponernos muy nostálgicos pero, en una comparación estúpida, trato de imaginar a Jimi Hendrix en 1966 utilizando un laúd medieval sin amplificadores haciendo el mismo sonido que lo hizo famoso. O también a Yngwie Malmsteen sin su guitarra tocando el violín como Paganini y al mismo tiempo conseguir la popularidad que tiene hoy en día. Es decir, sería imposible. Las guitarras eléctricas y los amplificadores son parte esencial de ellos dos y ambas cosas fueron un avance tecnológico en su momento.

Cuando se atacan esos avances recordando aquellos viejos y buenos tiempos, se suele tener una memoria selectiva porque nadie parece recordar cuando se carecía de los mismos. Pero acepto que existe el otro lado de la moneda.

Existe el peligro de la alienación, eso es cierto. Pero con el primer ejemplo que expuse aquí —la falsa campaña a partir del uso del mimeógrafo— también podemos detectar que ese peligro no es de hoy. Tal vez es más acentuado hoy, pero no es nuevo.

La estupidez como problema central

Aquí es donde entra en juego uno de mis temas favoritos con dos de mis autores favoritos: La Teoría de la Estupidez, a cargo de Dietrich Bonhoeffer y Carlo Cipolla. Los traigo —de nuevo—al frente porque eso es exactamente lo que sucede con la tecnología, suele caer en malas manos y por consecuencia es mal utilizada. En un modo mayoritario, aclaro, más no general.

En la sociedad dominada por la estupidez aceptada existen dos tipos de personas: Los Bandidos y Los Estúpidos. Los primeros explotan la tecnología aprovechándose de los otros creando una dinámica de consumo que el bandido ha planeado para hacer que el estúpido sea su consumidor. Obviamente ambos tienen una identidad colectiva en este escrito.

Muchos artistas como músicos, pintores y literarios; hemos tenido algún momento el recelo de la Inteligencia Artificial por sus muchas capacidades. Actualmente crean imágenes, videos y hasta voces con un realismo más allá de lo impresionante. Y también existe la capacidad de hacer canciones utilizando la inteligencia artificial.

Aunque yo mismo entraría al debate cuestionando la creación poco ética de fotos, videos y música; debo hacer notar que incluso en trabajos bien realizados existe la posibilidad de determinar lo que está creado por inteligencia artificial y lo que no lo está. Existe algo llamado Test de Turing, creado para probar la capacidad de dicha tecnología, que ayuda a diferenciar la lógica en las cosas creadas por la inteligencia artificial y detecta sus rastros por los códigos que esta tecnología utiliza.


El punto sigue siendo que precisamente esa es la parte barata del uso de la inteligencia artificial (ó IA). En el caso del uso comercial, para tener una herramienta capaz de realizar trabajos que casi reemplacen el trabajo manual (énfasis en “casi”), sin estar entrenado debidamente, se debe pagar mensualmente por una aplicación que originalmente está prometida como gratuita con los subtítulos casi invisibles de compras dentro de la aplicación. Hasta el día de hoy no existe herramienta alguna con semejante capacidad que pueda usarse y no pagar por ello. Una de las tretas del bandido para atraer estúpidos.

En las redes sociales, de hecho, ya se han integrado funciones de inteligencia artificial que pueden crear un discurso y publicarlo; ya sea una opinión o una historia, sin necesidad de pensar más que en un argumento de tres o cuatro líneas que la IA va a desarrollar. En este punto, los vivales se están aprovechando de los tontos que buscan éxito fácil, y de hecho esos vivales se hacen millonarios a costa de eso.

Pero también existe la utilidad positiva de la inteligencia artificial.

La IA entre el progreso y el desperdicio

Actualmente las empresas de logística, por tomar un ejemplo, utilizan la IA para llevar control de los inventarios de sus clientes y en sus bodegas manejan sistemas de drones para hacer lectura de los números de serie, cantidades, estados, fechas de embarque y datos de los clientes. Tanto de origen como de destino.

Anteriormente se requería que los empleados de bodega realizaran esa tarea pieza por pieza en un lapso de una semana hasta incluso un mes, dependiendo el tamaño de la compañía.

Para que dichos drones funcionen en horarios establecidos y en solicitud del técnico a cargo, deben realizar la tarea que una fuente de inteligencia artificial les ordena. Los empleados que antes realizaban dichas tareas ahora se encargan de descargar, ordenar y posteriormente cargar de nuevo los productos que esas compañías manejan para sus clientes con mayor libertad.

Adicionalmente, algunos clientes pueden llevar su propio control desde sus oficinas ejecutivas a través de aplicaciones y programas con los que la inteligencia artificial se encarga de enviarles información en tiempo real.

Como dicha tecnología está hecha para realizar tareas repetitivas que, en manos de humanos, generan margen amplio de errores, dichos errores se reducen en un ochenta por ciento. Lo que podría sonar simple pero, en cuestión de resultados, para las empresas y organismos de gobierno, ese porcentaje significa la diferencia entre el éxito y la bancarrota (para los gobiernos puede representar pérdidas fatales en las arcas).

Esas mismas empresas, y muchas más de otros tipos, actualmente se están mudando al uso de flotillas de camiones de carga eléctrica así como una compleja vigilancia que no sólo consiste en rastreo satelital sino también de internet y varios niveles de GPS. Todo controlado y optimizado por sistemas de inteligencia artificial manteniendo el seguimiento de cada vehículo desde diferentes sistemas garantizando sus funciones y protección.

Por su lógica multidireccional y sin efectos emocionales, la inteligencia artificial también logra manejar una impresionante cantidad de datos que mantienen al día a las empresas y órdenes de gobierno, de la misma manera que, hoy en día, resuelve sin que sea notorio muchos problemas que antes hacían complicado manejar dispositivos celulares y su relación con las compañías telefónicas. Las tarjetas de transporte por cierto, ya son manejadas por la IA, así como el control de los sistemas de viajes de aviones, autobuses, trenes y barcos, entre otros.

El paradigma

El ser humano, frente a todo esto, ahora tiene la opción de aprender a manejar esos sistemas que, por simple lógica, no pueden hacerlo por su cuenta. A pesar de las muchas leyendas tétricas que afirman lo contrario.

El trabajo manual humano también se facilita con la ayuda de esta tecnología y de hecho hasta algunos sistemas de hidroponía para el uso agrícola tienen un gran resultado a partir del uso de la IA.

No es fácil enfrentar cosas nuevas. Se entiende la desconfianza a partir de las cosas que, por su funcionalidad, pueden prestarse a perjudicar a terceros, pero sucedió en su momento lo mismo con otros adelantos como la fotografía, el celuloide (películas), el teléfono, el internet y de hecho hasta algunas cosas que en su momento fueron el alcance mismo de la tecnología avanzada.

En algo estoy de acuerdo sobre el miedo a esta tecnología y es lo que ya he repetido varias veces: el mal uso.

Un arma es peligrosa en manos equivocadas, así como el poder político. Un tonto puede utilizar una excelente computadora para ver, descargar y hasta vender pornografía, e incluso vivir de ello (bueno, ni tan tonto pero conocemos el punto, ¿no?).


El mejor Smartphone, diseñado para simplificar la vida laboral y conectarla a la personal, puede ser utilizado para ver videos estúpidos y memes mediocres en redes sociales. Sin omitir a los acosadores que se dedican a buscar chicas de buen ver o las chicas de cabeza hueca que suben más fotos en bikini que las veces que se rascan la cabeza.

Si le das un horno de repostería a quien sabe hacer pan, pizzas y buena bizcochería; el horno será bien utilizado. Pero si se lo das a un idiota, dicho horno terminará en alguna casa de empeño o calentando carne asada los domingos mirando el futbol y bebiendo cerveza. Toda vez que un horno de repostería no está hecho para asar carne. Y espero que se entienda el punto.

Básicamente, aquí se expone el hecho de que la IA está siendo manejada en dos ambientes opuestos: el del progreso y el de la estupidez. La estupidez es la única fuerza que no tiene límites y que puede destruir sistemas complejos y prósperos desde dentro. En contraste, el uso correcto de la herramienta marca avances y evolución.

En la Teoría de la Estupidez, Bonhoeffer y Cipolla tienen enfoques orientados en diferentes bases pero con la misma finalidad. Cipolla define la estupidez no como falta de inteligencia, sino como un comportamiento irracional que perjudica a otros sin generar beneficio propio, o incluso perjudicándose a sí mismo. En tanto Bonhoeffer destaca el peligro del poder en manos de una persona estúpida. Ambos coinciden, entre otros puntos, en la clasificación de personas en cuatro cuadrantes:

Inteligentes: Actúan para su propio beneficio y también benefician a los demás (Gano yo, ganas tú).

Incautos: Actúan para beneficiar a otros pero se perjudican a sí mismos (Pierdo yo, ganas tú).

Bandidos: Actúan para su propio beneficio perjudicando a otros (Gano yo, pierdes tú).

Estúpidos: Sus acciones perjudican a otros y también se perjudican a sí mismos (Pierdo yo, pierdes tú).

Bonhoeffer profundiza en la existencia de estúpidos que tienen control y poder y lo utilizan en perjuicio general. Tal es el caso de los fanáticos de las novedades estimulantes y baratas de la tecnología. Los controladores sacarán provecho personal y los manipulables invertirán en ello.

La estupidez de los controladores en este caso radica en su necesidad de tener poder sin tener una idea clara del contexto de la tecnología hacia la productividad real. Como usar un Ferrari como taxi, como burdo ejemplo.

Ahora, apliquemos a detalle esta lente en la tecnología. No todo mal uso es estúpido; a menudo es malicioso (bandido). La clave es identificar cuándo cruza la línea hacia la verdadera estupidez.

¿Cómo actúa el estúpido manipulador? (o malicioso)

Este, y sus derivados, es el tipo de personas que ponen en polémica todo avance tecnológico pero en este caso hablaremos de la IA y del comportamiento de estos ejemplares. Ellos utilizan el diseño adictivo y el discurso convincente para promover la polarización, la desinformación y la comparación social negativa. En mayoría, son quienes más visitas tienen en sus plataformas y redes sociales debido al morbo y la reacción instintiva de sus seguidores.


Ganan dinero con el enganchamiento para apoderarse del tiempo y los datos de sus seguidores (y el dinero de sus clientes, de haberlos), aunque perjudiquen la salud mental de estos. Y casi siempre utilizan un modelo éticamente cuestionable de negocio que es racional para ellos.

Cuando la desinformación que promueven —como las teorías conspiranoicas y el negacionismo— erosiona la confianza en las instituciones, la ciencia y la democracia, crean un entorno social tóxico e inestable donde todos pierden, incluidas las propias empresas tecnológicas que operan en ese ecosistema. Dicho de manera coloquial: están cortando la rama en la que están sentados.

Este tipo de idiotas no solo están al frente de la cubierta de dulce formada por las plataformas y redes sociales, también los hay que tienen en sus manos tal poder que podrían considerarse el némesis de la humanidad misma. Entre muchos otros ejemplos, los estúpidos con poder pueden (o trabajan en ello manipulando a quienes pueden) desarrollar tecnología de inteligencia artificial sin ética ni control, como hay casos en la carrera armamentística.

Conclusión: La tecnología en sí no es estúpida. Es una herramienta neutra. El uso bandido de la tecnología es común y predecible porque es gente que busca beneficio a costa de otros.


El verdadero peligro, que encaja perfectamente en la Teoría de Cipolla, es el uso estúpido de las herramientas tecnológicas en cuya dinámica falta la visión a largo plazo. En esta irracionalidad e incapacidad de ver las interconexiones del sistema, los fanáticos de estos idiotas son llevados a un terreno en donde todos pierden, incluido el imbécil que inició la acción.

La tecnología amplifica el poder de la acción humana, pero también amplifica el potencial de estupidez. Un estúpido con un palo es un problema local. Un estúpido con el manejo de inteligencia artificial, una plataforma global o una herramienta de ingeniería genética, es un riesgo global.

La solución, como sugeriría Cipolla, no es detener el progreso, sino ser conscientes de esta dinámica y diseñar sistemas (leyes, educación, ética y controles) que protejan a la sociedad de los maliciosos y, sobre todo, que limiten el inmenso daño que los estúpidos en general pueden infligir con las herramientas equivocadas.

La IA no es el enemigo. El verdadero peligro es la estupidez humana amplificada por la tecnología y yo no le temería a la inteligencia artificial, les tengo más miedo a los idiotas.

Es cuánto

Messy Blues


Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Músicos y musiqueros

10 Cosas que no deben hacer los músicos Aunque vivo en México y esto está pensado por las experiencias propias, y de muchos colegas mexicano...

Buscar este blog