10 Cosas que no deben hacer los músicos
Aunque vivo en México y esto está pensado por las experiencias propias, y de muchos colegas mexicanos, creo que también sucede en el resto del mundo. Por tal razón, quien lea, solo debe adaptar las situaciones.
Alrededor de 2010 o 2011 yo acababa de llegar de Chihuahua. Allá había estado tocando en un bar con buenos resultados pero cuenta el hecho de que está cerca de la frontera con los Estados Unidos y había, por ese entonces, una fuerte influencia musical orientada a los tipos de música que yo toco, Hard Rock, Blues y Rock Progresivo. Al llegar aquí descubrí que el mainstream eran el roñatón, el rap callejero, el rock urbano y los corridos tumbados y la mejor apuesta hacia el Hard Rock eran La Ley, Maná, Mago de Oz y Héroes del Silencio. Cosa que no encajaba conmigo.
No obstante, intenté checar el ambiente y fui a ver algunos bares en los que su mejor oferta era llevar mis cosas, ponerme a tocar y, con el derecho moral de UNA bebida, el pago sería a través de una copa en una mesa junto al(la) cajero(a) en donde la gente dejaría propinas, mismas que me serían entregadas al final de la noche. Sin una retribución justa por la actuación.
Como tenía que sobrevivir me puse a trabajar en un OXXO (imagínense) y un día llegaron unos muchachos de apariencia convencional que pegaron un póster en el que convocaban a una Guerra de Bandas muy prometedora en la que los jueces eran miembros de Botellita de Jerez y no recuerdo que otro grupo mexicano famoso. El premio era tan escueto como la realidad; alguna suma relativamente buena al primer lugar y un reconocimiento al segundo y tercer lugares, además de, según la promesa, la grabación de dos canciones en un estudio profesional, de la que al ganador se le entregaría una copia en archivos digitales para que se auto distribuyera.
El póster estuvo ahí un día y algunos muchachos del área copiaban los datos y algunos otros, con celulares avanzados para la época, tomaban fotos (esto fue en 2011, más o menos) y, por no dejar, le eché una ojeada. Marqué y pregunté y me dieron informes señalando todas las condiciones (bastante leoninas) en las que los grupos deberían presentarse con su equipo y hacer una labor de preventa de cien boletos después de que el comité organizador les hiciera entrega de un talonario foliado, y por el que cada grupo o artista debería firmar de recibido.
No pude evitar sonreír sardónicamente.
Esa misma tarde le llamé a Francisco Barrios, El Mastuerzo —baterista fundador de Botellita de Jerez. Por razones sindicales nos habíamos hecho, si bien no amigos cercanos, sí bastante conocidos en términos cordiales, y él se carcajeaba de lo que yo le estaba platicando. Como ya dije, eran otros tiempos y pocos celulares tenían capacidad de tomar fotos así que le tomé una foto al cartel con mi cámara digital Kodak Easy Share y por la noche se la envié a Paco por correo-e, desde mi computadora.
Luego platicamos por un rato y me dejó claro que ese era uno más de los demasiados fraudes cometidos por ciertos vivales para que los afortunados competidores de esas Guerras de Bandas hicieran colecta de fondos, garantizando dinero fácil. Agregó que no era la primera vez que metían a Botellita de Jerez en el guisado. En resumen, las Guerras de Bandas eran solo una parte de la sordidez del manejo de grupos de rock en manos equivocadas.
Ahora bien. No solamente los grupos de rock somos víctimas de cosas así. Los grupos versátiles, las tecno-bandas y hasta ciertos acoplados vocales son objeto de fraude y delitos por parte de farsantes que prometen trabajo (generalmente en buenos lugares, playas y provincia en general) y, en el mejor de los casos, les sacan una buena suma a los artistas y luego desaparecen. Digo en el mejor de los casos porque muchas veces llegan a la inculpación de esos artistas por delitos que comete el(la) estafador(a), al despojo e incluso la trata de personas.
Con la evolución de la tecnología, los equipos digitales sonideros, las bocinas con Bluetooth y otras cosas han desplazado dramáticamente al músico en general, al menos fuera de la estabilidad de grupos destinados a los eventos grandes. Esto ha creado la idea colectiva de que los músicos somos una suerte de limosneros laborales que, por tocar un simple instrumento musical no tenemos por qué ganar demasiado dinero y el trabajo para la gran mayoría ha caído mucho hacia 2026, quince años después de aquella experiencia personal con la Guerra de Bandas.
Pero los mismos músicos de rock tienen la culpa de ser víctimas del menosprecio.
Los grupos versátiles, norteños, de tecno-banda, salsa y de salón, dentro de todo, tienen ciertas normas rigurosas para trabajar, como son el uso de uniforme, horarios establecidos, ensayos exhaustivos, formalidad y desempeño. No podría hablar de calidad en todos los casos pero la mayoría sí se preocupa de que su música suene de manera respetable. Esto es, todos esos artistas o grupos sí logran ganar dinero precisamente porque ofrecen un producto que sí está a la altura de la exigencia.
Hablemos ahora de la mayoría de grupos de rock, especialmente los nóveles. La idea que muchos jóvenes tienen de tocar rock radica en crear una banda chida con buenas rolas, basan su habilidad en el idealismo de la rebeldía y la conducta contestataria y salen a tocar vestidos como si fueran a pasear en domingo. Sus playeras deben lucir lo más desastrosas posible y los tenis deben estar en la línea de los más insolentes héroes en sus discos… o canciones bajadas de Internet.
Es posible que dediquen esfuerzo para hacerse de un instrumento decente, un amplificador aceptable, una pedalera que cubra casi todo el escenario, platillos calibrados comprados en Mercado Libre y venga a convertirse en un ícono del rock, aunque sea dentro de la alcaldía, o municipio. Lo interesante aquí es que no les preocupa la parte en que la primera impresión, que es la que cuenta, ejerce en el público y mucho de ese público es el que tiene el dinero en las cuentas y también muchas veces la posibilidad de ofrecerles un cierto futuro. Esos muchachos por lo regular suelen ser esos soñadores que esperan que la vida les dé el honor que dicen que merecen.
A este tipo de grupos de garaje les parece atractivo que, para comenzar, un bar les permita tocar a cambio de monedas en una copa (o sombrero) y una cerveza per cápita. Al fin y al cabo todos están en la misma onda y por supuesto que así se darán a conocer. Dinámica que los perseguirá por los siguientes cuatro o cinco años, tocar barato para darse a conocer y eventualmente dejar por la paz el oficio de músico de rock.
Justo hace unos años, antes de la pandemia, un conocido del rancho (por allá en Guanajuato bajío) me dijo que él y su generación tendrían una reunión y que a mí me tocaba poner la música. Esto representaba ir al pueblo, conseguir equipo (y músicos) y tocar a cambio de comida y bebidas. ¿Por qué?, simple, porque yo era un musiquillo que le gusta tocar la guitarra y pues era conocido. Por supuesto lo mandé a volar.
Caso similar fue el lanzamiento de mi disco Rooted Time (lo mencionaré porque a muchos músicos independientes de rock les sucede lo mismo).
Por años yo toqué covers de rock en inglés y en el rancho (y en Chihuahua, y en la CDMX) era conocido como ese wey que podía cantar y tocar los solos de guitarra de Hotel California, Stairway to Heaven, Smoke on the Water, y todo ese repertorio popular entre los nostálgicos. Después de una accidentada participación como guitarrista en un grupo citadino de rock clásico (Oldies), terminé harto de todo eso y decidí hacer un disco con canciones propias y fue que hice el Rooted Time.
Tras un año de trabajo en ese disco, entre la creación de las canciones y la grabación, lo publiqué en la plataforma en donde se vende, y tuve la ocurrencia de compartir la liga con colegas con los que había trabajado, amigos, familiares y promotores. Los promotores reaccionaron bien, pero la mayoría de colegas fueron despiadados. El más mediocre, un ejecutante de armónica que ni siquiera tocaba los solos como eran, dijo: No es la gran cosa, pero está bien. El bajista de ese mismo grupo también se mofó y, curiosamente el guitarrista líder de ellos elogió mi trabajo, y bien.
Otro guitarrista que, en mis años de pre-adolescencia me había inspirado a ser también guitarrista (allá en el rancho) fue el más cáustico de todos. Su opinión fue: ¿Lo grabaste en tu casa?, suena de la chingada. Afortunadamente siempre estoy preparado para todo. Los elogios deben tomarse con cuidado y las críticas como de quien vienen. Algunas sí serán para mejorar y otras las dicta el resentimiento, o la estupidez.
Y hubo más. Un primo mío me dijo: Espero mi disco, pariente. Es decir, mi primo esperaba que le regalara una copia en CD y me causó gracia. Al principio no le respondí pero lo observé en redes sociales. Cada vez que yo publicaba la liga de una canción de mi disco, él brillaba por su ausencia y un cierto día una amiga le preguntó en corto que, de mis canciones, ¿Cuál le gustaba más? Su respuesta fue sorprendente. Sabiendo que no me lo estaba diciendo a mí, señaló que no las había escuchado y que, de hecho, no era su estilo favorito lo que yo tocaba. El mismo primo que exigía una copia gratis de mi disco.
La ironía en este caso (y sí que es ironía) fue que el disco —en formato digital— comenzó a venderse en Estados Unidos, Reino Unido, China, Rusia y (¡vaya paradoja!) Ucrania, y bien. No para hacerme millonario pero algo salió. Pensé en que no tenía corazón para decirle a todos esos americanos y europeos que estaban en un error porque mis colegas y mi primo opinaban que No era la gran cosa.
Todo este rollo fue para ilustrar el menosprecio que, como músicos, hemos creado en torno a nosotros al facilitar actuaciones gratuitas, aceptar limosnas como pago y al no cuidar nuestra calidad de presentación. Al ser nosotros mismos quienes generamos la falta de respeto hacia nosotros. Si un abogado cobra por una simple consulta, un músico tiene que cobrar por siquiera cantar una pieza.
Aunque es cierto que nuestro peor enemigo está en casa, muchas veces.
Otro detalle que devalúa mucho la seriedad con la que debe ser tomado un músico es el lenguaje. A propósito mencioné la frase: crear una banda chida con buenas rolas para ilustrar la forma de expresarse que se maneja en el ambiente. Palabras como rolas, lira, toquines, raza y cosas parecidas han formado parte del caló subterráneo que, de acuerdo a la intención, es parte de la integración en la que el barrio acepta a los artistas. El gran problema es que es ahí en donde se quedan estacionados. Los promotores reales que se llevan de gira a grupos y artistas de rock, los sacan de lugares más refinados en donde se presentan músicos que han estudiado arduamente y se han especializado en lo que hacen, pocas veces les atrae la idea de llevarse a los chicos del garaje. Y aún menos les atrae interactuar con el muchacho común de la calle hablando un lenguaje local.
Otro detalle: muchos de esos músicos preparados suelen leer libros físicos, no memes, chistes y frases de redes sociales. Y esa sí es una gran diferencia.
Al final entonces, mencionaré 10 cosas que los músicos en general NO deben hacer:
1.- Atender las convocatorias de las Guerras de Bandas.
2.- Caer en el efecto Dunning Kruger (sesgo cognitivo en el que las personas con conocimientos limitados sobre un tema sobreestiman drásticamente sus habilidades). Esto es, no creer que sabes más de lo que realmente sabes.
3.- Tocar a cambio de propinas. No cargas tu equipo e instrumento para que te arrojen unas monedas, ¿cierto? (a menos que pagues por tocar en vía pública, es más redituable)
4.- Aceptar propuestas de red social en las que te prometen el paraíso. Un empresario profesional no te va a convocar en Facebook. Ellos generalmente tienen un equipo que se encarga de buscar talentos de manera profesional.
5.- Aceptar que alguien en internet promueva tu música a cambio de una mensualidad bajo la promesa de colocarte en Spotify y plataformas similares. Eso lo puedes hacer tú mismo(a).
6.- Aceptar actuaciones sin pago a cambio de difusión. Por lo regular ese tipo de actuaciones ni siquiera son promovidas y la mayoría son en términos familiares.
7.- Subvalorar tu capacidad. Quien acepte que vales como músico lo hará bien y no tendrás que convencer a nadie (pero por supuesto tienes que trabajar en tu calidad).
8.- Vestirte como si fueras a ir al tianguis. Es interesante que mucha gente acude a una fiesta, misa o reunión tratando de impresionar con las mejores prendas; pero muchos de ellos, que también tocan en un grupo, suelen salir como el ropero se los permitió y la creatividad les limitó. Aunque en el caso de los grupos de rock el uniforme no es obligatorio (y hasta se ve extraño), es cierto que el cuidado de la imagen desempeña un papel vital.
9.- Hablar con jerga y caló del barrio. Sin algo personal contra el barrio —yo soy de barrio— pero no puedes imaginarte a un ejecutivo expresándose con clientes poderosos como si estuviera en el mercado. No se trata de clasismo, se trata de CALIDAD. Alex Lora tiene su propio lenguaje porque es parte de su dinámica empresarial, es lo que ÉL vende y es la forma en que él hace que tú compres sus discos y acudas a sus conciertos. Si comes, te casas o te acepta la sociedad es algo que a él le tiene sin el más mínimo cuidado. Recuerda, tú NO eres Alex Lora y tu NO ganarás dinero por imitarlo a él.
10.- Menospreciar al colega que comienza. Un vicio casi general es demeritar a otros colegas. Muchas veces, el músico que ya tiene cierta experiencia suele referirse a los valores nuevos como: está bien pendejo, le falta mucho, y cosas así. El verdadero valor de un artista no radica en que sea mejor que otros, radica en el hecho de que puede hacer que TODOS crezcan. Y aquí juega un papel dramático el narcisismo.
Dichos estos diez consejos, dejo al razonamiento lo que cada quien quiera tomar o dejar. Solo hay que tomar en cuenta algo muy importante: la música como oficio y/o profesión es algo que debe hacerse respetar. Las cosas no llegan fácilmente y, para llegar lejos, hay que trabajar muy duro. Pero una buena noticia entre tanta cosa: en la actualidad te puedes promover y generar ventas utilizando las redes sociales. También sirven para eso, no solo para decir estupideces.
Es cuanto
Messy Blues



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