Lógica, humor negro y libros de texto: El enigma de Idolina Moguel
El día que los libros de texto nos enseñaron que un hombre puede ser su propio abuelo
En el año de 1977, quienes cursábamos el primer grado de secundaria en México recordamos perfectamente aquellos libros de la materia de Español de la autora Idolina Moguel. Entre reglas gramaticales y lecturas solemnes, de pronto nos topamos con un ejercicio delirante, un oasis de humor negro y lógica pura que se quedó grabado en la memoria de toda una generación: La carta del suicida.
El texto en cuestión —una genialidad de enredos genealógicos que ha mutado en canciones y parodias a lo largo de las décadas— se presentaba como la nota de despedida de un hombre que, abrumado por la geometría de sus lazos familiares, decide poner fin a su existencia.
¿El motivo? Descubrió, por pura ley de parentescos, que era su propio abuelo. Por supuesto, se trata de humor negro, hoy casi en extinción por culpa de la Cultura de la cancelacíon.
Para quienes no lo recuerden, o para las mentes jóvenes que visitan este blog y se preguntan cómo es posible semejante carambola matemática, la historia se desarrollaba más o menos así:
La Carta del Suicida (ó "La crónica de un enredo absoluto")"Señor Juez, no culpen a nadie de mi muerte; la culpa es de las leyes del parentesco, que no me han dejado otra salida.Todo comenzó cuando me casé con una viuda que tenía una hermosa hija ya en edad de merecer. Mi padre, que también era viudo, nos visitaba con frecuencia, se enamoró de mi hijastra y terminó casándose con ella, y ahí empezó mi calvario.Como mi padre se casó con mi hijastra, ella se convirtió automáticamente en mi madrastra. Al mismo tiempo, mi padre pasó a ser mi yerno, puesto que era el esposo de la hija de mi mujer.Las cosas se complicaron cuando mi esposa dio a luz a un niño. Este pequeño era hermano de la esposa de mi padre (mi madrastra). Por lo tanto, ¡el bebé se convirtió en mí tío!Pero el enredo definitivo llegó cuando la esposa de mi padre (mi hijastra) tuvo un hijo. Ese niño era mi hermano, pero también era mi nieto, porque era el hijo de mi hijastra y, como la esposa de un hombre es la abuela de sus nietos, y yo soy el esposo de la madre de mi nieto... resulta que yo soy abuelo de mi hermano. Y dado que el esposo de una abuela es el abuelo de la casa, llego a la pavorosa conclusión de que ¡soy mi propio abuelo!Ante semejante crisis de identidad, prefiero pasar a mejor vida"
La genialidad didáctica de los setenta
Visto a la distancia, resulta fascinante cómo la pedagogía de aquellos años utilizaba el absurdo para enseñarnos lingüística. Idolina Moguel no nos puso a leer esto por el simple gusto del chiste macabro, sino como un brillante ejercicio de comprensión lectora y análisis sintáctico.
Para resolver las actividades del libro, uno tenía que sentarse con lápiz y papel a trazar un árbol genealógico real. El ejercicio nos obligaba a entender el peso de los nexos, los pronombres relativos y cómo una estructura gramatical puede cambiar por completo la realidad formal de las personas. Era lógica pura disfrazada de sátira.
Al final, este texto nos demostró que la lengua española puede ser un laberinto perfecto. Y a ti, ¿te tocó resolver este árbol genealógico en la secundaria? Si intentas dibujarlo hoy, te advierto que vas a necesitar un buen café y bastante paciencia.
Al menos diviértanse un poco 😁
Es cuanto
Messy Blues

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